viernes, 21 de noviembre de 2008

Ese rosado con puntos

Si hay algo que valoro de mi fisonomía es mi cabello. No porque sea un bonito cabello, sino porque en él puedo plasmar el amor-odio que siento hacia mi cuerpo.
En los últimos 16 años me caractericé por no ponerle un orden definido a mi pelo, algo que arrancó más de una llamada de atención de cualquier persona mayor de 30 años.
Pero bueno, hoy ha ocurrido algo que nunca imaginé pasaría, no sé si estaba triste, sentado en esa silla que 10 años atrás había visto mis primeros mechones, y el mismo hombre bigotón que me regalaba un chupetín después de una buena sesión de tijera-pelo.
Saco esa maquina que aún me busca en las pesadillas y empezo a pasarla por mi cabeza, sentía como se lo iba devorando y yo sin poder hacer nada, en realidad estaba feliz (¡ingresé carajo!) pero el precio es alto y así es.
Ahora ya sin pelo, sólo puedo decir que es fresco y que por fin soy imparcial, conozco lo bueno, conozco lo malo, conozco mi pelo, conozco lo calvo.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Estudio de la lengua

Sueña Maga,
tú eres la única que sueña.
Sonríe Maga,
mejor no, ya te debo mucho.
Brilla Maga,
y se Luciérnaga.
Duerme Maga,
yo me puedo quedar un ratito más.
Huele Maga,
seremos árboles si quieres.
Corre Maga,
ya vienen y son bastantes.
Aprieta Maga,
no todos tenemos la suerte de hacerlo.
Y si quieres vete,
yo me quedaré esperando en la rendija
por si viene algún fantasma a molestarte.

domingo, 16 de noviembre de 2008

Et David In Tenebris Lucet

Es extraño,
nunca pensé que llegaría a decirlo.


El primer recuerdo que tengo de la Pontificia Universidad Católica del Perú se remonta a tercero de primaria cuando Romina me entregó un sticker con el escudo característico, era un sticker chiquito con fondo blanco. En ese momento no sabía ni siquiera qué significaba "Universidad" así que lo pegué en el lugar que creí conveniente y me olvidé, hasta que, tiempo después Romina (sí, otra vez) me contó que supo que su primo se puso a llorar porque no había ingresado a la Católica. Al igual que el sticker, deseché este comentario y me olvidé.

Ah sí, ya tengo mi polo de Clima de Cambios.

martes, 11 de noviembre de 2008

Adolescencia ¿?

Hoy soñé que moría,
era casi igual
a lo que siempre imaginé.
El piso blanco y blando
un viejo esperándome para llevarme a mi casillero
y un niño secándose unas lágrimas
Le pregunté
¿Por qué lloras?
me dijo:
No estoy llorando pero
siempre quise vivir más tiempo.

viernes, 7 de noviembre de 2008

In Tenebris

No sé qué escribir, falta una semana y no sé qué escribir.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Hola 9

Recién hace, exactamente, 75 segundos me di cuenta que terminó Octubre, un mes que siempre, siempre me ha llevado por parajes vesánicos dentro de mí y a los que espero con ansias en setiembre, un mes para pensar pensar pensar pensar pensar pensar pensar pensar pensar pensar pensar pensar.
Luego, viene noviembre, un mes para pensar también, pero para pensar en octubre y luego diciembre, un mes para pensar en que no debi pensar demasiado sobre octubre en noviembre.
y esto ha venido sucediendo los últimos 3 años.
Y, coincide exactamente (y a drede) con los 3 años en el que dije "putamare David, ya no, ya no, mira ese pelo".
De nada.

miércoles, 29 de octubre de 2008

Lo que en algún momento podrá ser una novela

Le prometí a Angela que haría una historia de amor que la haga olvidarse de la huevada de Crepúsculo y que le cambie la idea de lo que es el amor.
Como no sabía qué escribir decidí definir lo que para mí, en algún momento, podría llegar a parecerse a eso que las personas tanto buscan. Aquí va.


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La veía sentada y sin poder hablarle, como esperando una reacción mía, o siquiera una mirada que le diga que al menos ha pasado por mi cerebro convertida en idea. A mi lado está Lucía y disfrutamos de un hermoso silencio, la amo.


Sigo mirando a Naomi. Sus piernas no han dejado de ser lo que fueron y cada vez me gustan más. Tengo una debilidad hacia lo oriental, en alguna vida pasada, seguramente vagué por alguna montaña de la mano de una geisha.


Se acerca, creo que me va sacar a bailar, eso hace, le pide permiso a Lucía y ya estamos bailando. Siento su cuerpo, está caliente, junto al mío que siempre fue caliente, hablamos de lo que nos ha pasado todo este tiempo y de como dejamos de vernos. Naomi es una chica extremadamente simpática, no entiendo nada de lo que me dice y ya estoy poniendo la cara de idiota que suelo poner y mis pasos ya se están descoordinando. En cualquier momento me caigo.


Naomi me sigue contando de lo que ha estado haciendo todo este tiempo y menciona algo en especial, me dice que ha trabajado de camarera en un bar al que yo suelo ir. Me parece curioso porque nunca la había visto por ahí. No se lo dije.


Regresé al costado de Lucía, pero mi mente seguía con Naomi, habíamos aceptado ese coqueteo y lo habíamos llevado a cabo con frases ambiguas y un poco subidas de tono, creamos ese acuerdo tácito que siempre me gusta tener, pero ya estamos lejos, y sea lo que sea que hayamos hecho ya está lejos.


Lucía me pregunta a donde fui, le dije que al baño (era cierto) y se queda callada y mueve su cabeza como disfrutando de la música.


Hace dos años conocí a Lucía, eramos amigos comunes que son presentados por el destino mismo, ella tenía 23, yo 24, ella vivía lejos, yo también.


Lo que sucedió con Naomi cambió toda mi perspectiva de lo que hasta ese entonces conocía como el amor, el amor convencional, el de pareja, el que siente un hombre, por una no-hombre . Vino Lucía y otra vez tuve que mudar mis pensamientos, vino Lucía y otra vez lo cambió todo.


-¿Has visto cómo se mueve mi dedo?-
-Quiere escapar?

-No lo sé aún-
-¿Le has dado algún motivo?
-Yo creo que mi mano nunca se sintió agusta en mi cuerpo, eso de estar colgada todo el día como un objeto inservible, siendo una de las partes más importantes de mi cuerpo, debe ser muy injusto.-
-Entonces los mancos son las personas más justas del planeta.
-Hasta cierto punto sí.


Con Lucía pasaba eso de encontrar lo más insignificante y volverlo una aventura, ese "convertir" era nuestra alquimia secreta, nuestro juego entre el sí y el no, entre lo divino y la mierda.


Digamos que eran esas aventuras lo que nos unía, cada día escapábamos y escapábamos y escapábamos como de un monstruo que nos perseguía y habría sus fauces y las cerraba y nos rozaba los cabellos sudorosos.


Nos gustaba caminar, eso y una bonita conversación formaban la manera más natural de desplazarse y de comunicarse, era un espacio-tiempo que se volvía infinito y dulcemente nebuloso. Pensar en todas las palabras que inventamos y en todas las risas que nos arrancamos de los corazones.


En cualquier historia de amor Lucía y yo pudimos haber sido excelentes personajes secundarios, en ésta, eramos los principales. Ella, yo y la carretera, nuestra fiel confidente, formabamos esa trinidad implícita que nos encantaba mantener en secreto, el juego de pasos y roces y del bungee jumping final.


Disfrutábamos de nuestro silencio como ninguna otra pareja lo hacía, nos reuníamos para vernos y no hablarnos y observar las mismas cosas, eso, para mí (y seguramente para ella) era el amor.



...para ser continuada