lunes, 8 de diciembre de 2008

Beso

Veo a los dos gorriones, van creciendo juntos, cada uno en su respectiva cueva. Se gustan, pero no se hablan. Se cantan al oído y se huelen.
Todas las mañanas se despiertan y se escuchan pasar pero no se dicen nada, así es mejor, no quieren que los demás gorriones ni animales con plumas entren en sus cuevas, en sus recintos.
Los gorriones van creciendo y se miran cada vez más de cerca, van esquivando las minas que las personas les dejan en el camino y se lanzan al vacío de vez en cuando sólo para despedirse y para aprender lo que es arrojarse al vacío.
Ahora que ya saben volar, aprenden a seguir el mismo camino, conocen las mismas rutas y de vez en cuando se pierden. Pero juntos.
Un día hace mucho frío, y los gorriones quieren entrar en calor. Deciden pelearse, empieza la batalla. Uno dos tres, van cayendo las plumas, se va creando el calor, los ríos saltan y se pueden sentir estruendos, la gente los ve en el cielo y los intenta detener, pero no se puede. Las cuevas por fin están juntas y comparten la misma boca.
Pero de repente, ya no ves a los gorriones peleando inocentemente, se levantan en el cielo dos fénix, cada uno con los colores vivos que siempre quisieron tener y se alcanzan a ver las llamas que van sobrando y caen sobre los campos marrones y lo van incendiando todo. En el cielo los dos Fénix van quedando exhaustos, en un momento se juntan y se picotean con una brutalidad salvaje, para luego separarse y tomar impulso.
Finalmente los dos terminan rindiéndose, caen a los campos marrones que están ardiendo en llamas, pero ya no son Fénix y los gorriones corren escapando de las llamas de su propio beso.

Observación

En mi casa hay más cuchillos que cucharas.

domingo, 7 de diciembre de 2008

Pregunta Respuesta

Percy : David,¿cuántos años tiene la Tierra?
David : Hasta donde yo sé, tiene 16

sábado, 6 de diciembre de 2008

Fresa Rojo

Bajo al primer piso y me esperan Rita y Felipe con una gran sonrisa sentados ambos en una silla opuesta poniendo sus brazos sobre la mesa como enseñándome lo que está encima de ella. Sobre la mesa había una fresa gigante, del tamaño de mi cabeza, con leche condensada. No sé por qué estábamos en un jardín muy verde con un cielo muy azul celeste. En mi cara se dibujó la sonrisa del niño que ve un perro por primera vez y dice guau guau.
Corrí hacia la mesa, me imaginaba lo delicioso y dulce que iba a estar, la leche condensada cayendo por uno de los lados de la fresa no hacían más que aumentar mi ansias, su color blanco lechoso hacia que camine como un sonámbulo con los brazos extendidos y con la cara de la sonrisa dibujada.
El rojo de la fresa me hacía salivar, me sentía el perro de Ludovico, estaba hipnotizado. La fresa no se podía mover, estaba allí, en su plato de hojalata, con la leche cayéndosele y sin poder hacer nada, tan indefensa la fresa. Me la quiero comer ahora mismo, sigo avanzando pero los pasos no suenan y no se sienten y veo las sonrisas de mi pe mi eme y el sol que ya se puso sus lentes oscuros para recibir el verano de diciembre.
Sigo caminando hacia la fresa, me mira con sus ojos de caricatura, me deja ver sus largas pestañas y sus ojos azules con un brillo bastante japonés, sus pecas, sus pepas.
Es la fresa más roja que he visto pero no sé si esté madura, no espero que lo esté, sólo quiero que esté agridulce, como me gustan y que su sabor combine perfectamente con la leche, la dulce leche blanca de mi sueño de cielo azul celeste.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Como las polillas que se golpean contra la luz

Se puede oler mi sangre, me golpea y yo la veo a los ojos con cara de pena y miramos su mano contra mi barriga hundida, ella con la sangre entre los dientes y yo sin poder respirar. Sus garras se hunden en mi espalda y yo grito aaaaaaahh, grito mucho, y la muerdo y ahora me clava sus garras con más ganas y con más cólera.

La detestamos pero no nos queda otra, nos vamos contra ella uno dos tres y ya estamos volviéndolo a intentar, agitamos nuestras alas y ella nos recibe con sus garras y nos zarandea y nos deja exhaustos tirados en el aire volviéndolo a intentar.

Finalmente, me vuelve a usar, no le parece suficiente y escucha todo lo que digo y se lo devora con un hambre infinita, mis palabras pasan por su esófago, su estómago, su intestino delgado, su intestino grueso y me lo devuelve con más ganas mías que suyas.

¡Una vez más! y ya estamos cansados, rendidos, pero no hay otra, es nuestro destino. Volaremos hasta acá para golpearnos y sacarnos la mierda, pero esa es la única forma. No hay otra forma y si la hubiera no sería tan buena como esta, así vivimos, así morimos, desgarrándonos veinte centímetros cuadrados de piel cada día.

Pero la amo.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Esperando algo que me saque de todo

Hoy te asesiné otra vez.
La existencia puede hacerse a veces tan pesada y lenta, tres semanas pueden parecer cuatro o hasta cinco. Los segundos se van potenciando y así, un segundo vale dos, vale cuatro, vale ocho, vale dieciséis... mientras yo peleo con el álgebra y la geometría analítica.
Y la angustia invade mi sueño, ya no estoy libre incluso dormido, me persigue mi propia pesadez y es por mi liviandad que no hago otra cosa que lamentarme.
Digamos que ya me falta poco, no puedo imaginarme mis primeras tres semanas, mis primeros tres minutos.
Hoy vi tus pisadas con sangre y orines.
Repentinamente me ha llegado una nube de sueño, como si viniese lentamente y me tocara con el índice diciéndome "¿nos vamos?" -vámonos.
Y es blanca, muy blanca y fría y muy fría, helada, casi caliente.

martes, 25 de noviembre de 2008

Siempre hay mucho sol

Hoy escuche a Diana, estaba detrás de mí, en el mismo carro. Había mucho sol y ya era tarde. No volteé, no quería voltear, sólo quería escuchar su voz, aguda, como la dejé.
Llegué a mi casa y me masturbé pensando en ella, en su voz, en su voz contra la mía y en el sol del carro.
Necesitaba un trago, menos mal que mi viejo siempre deja sus cervezas en la refrigeradora, la sentí en mi garganta y me la tragué, como a Diana, todo como a Diana, violentamente, como a Diana.
Salí a buscarla, a gritar su nombre y a perseguirla imaginariamente, ya no está. Me acuerdo cuando se robó mi juguete y yo le pedí mucho a cambio, ella decía "pero si es sólo un carrito" y yo la miraba con odio y, hasta ahora, pienso en todas esas tardes que me hizo mierda y yo a ella.
Aún pienso en sus piernas, muy cerca de las mías y de ese espacio que hubo entre nosotros, que llegó a no existir y a convertirse en saliva.
Regresé con lo de siempre, sudor y la cremallera abierta, con ganas de quedarme afuera buscándola y verla y puñetearla y besarla y tragarme un poco de su sangre y que ella trague la mía y se atragante y pida perdón y que me bese, sólo eso.
Después de eso me tiré en la cama, prendí el televisor por inercia más que por necesidad y vi en las noticias que una bebé había nacido con 2 cabezas, me molesté tanto, tenía envidia de su suerte, yo ahora quisiera dos cabezas, la mía y la de Diana, ahora quisiera eso, ahora lo necesito pero me gustaría saber si era ella la de la voz aguda.